Crónica de un desastre anunciado II: 2º día, hidrospeed
Pudiera parecer que había escarmentado después de la experiencia anterior. La verdad es que aun me asombro de que esto hubiera ocurrido realmente, la única explicación que se me ocurre y que no sea un insulto a mi inteligencia, es que estuviera en un estado de shock, y por lo tanto me hubiera dejado arrastrar por mis amigos y por las circunstancias, a la nueva aventura, por que si el raftin fue una mala experiencia, la del hidro-speed iba a ser la madre del cordero...
Del desayuno de esa mañana, lo único que recuerdo es el telediario, al segundo siguiente estaba de nuevo enfundada en neopreno dentro de una furgoneta monte arriba, rumbo a mi destino.
Nada mas bajar, nos cargaron con el equipo,
esto es: el casco(que me pusieron en la cabeza), el chaleco salvavidas, las
aletas y el enorme trasto que pesa un huevo llamado tabla de hidro-speed.
Y con todo eso a la espalda, bajamos por un camino de cabras por la ladera
de un monte en el pirineo oscense, en fila de a uno hasta la ribera del río.
¡ Y que río!!
Una vez abajo, en el agua con las aletas puestas, el chaleco y al casco bien
asegurados, lección practica y rápida de lo que hay que hacer
y lo que NO hay que hacer una vez en los rápidos. Menos mal que la
posición de seguridad la había practicado el día antes
en lo del raftin.
Bueno, pues la explicación consistía en como colocarte en la tabla (esa que dijeron que era tu mejor amiga, la que te iba a salvar de los golpes en caso de chocar contra las rocas, ¡JA!) Hasta ahí bien, me refiero a la teoría, por que con mí 1.54 de estatura y el poco talle que tengo, ni de coña mi cuerpo se adaptaba a la posición ideal.
Otro de los consejos era, que hacer cuando la tabla se diera la vuelta y quedásemos bajo el agua, y por supuesto bajo la tabla. Había que dar una patada a la vez que impulsábamos con el brazo con fuerza, de esa manera aprovechábamos el empujón y nos subíamos de nuevo al hidro (¡¡JA, JA!!), Pero lo más importante: JAMAS SOLTARSE DEL HIDRO-SPEED.
Cuando terminaron las explicaciones, con los monitores en las piraguas, nos pusimos en marcha, al principio bien, era un remanso y solo había que aletear, el problema era, que de tanto hacerlo se cansaban mucho las piernas, así que para cuando llegamos al primer rápido, yo ya estaba exhausta...
Bueno, pues justo antes de empezar, el monitor
no gritó que había que tomar el curso de la derecha de la roca
que estaba en el centro de río, que nos fuéramos desviando poco
a poco. Lo intenté, de veras que lo intenté, pero la mierda
del hidro tenia sus propias ideas, mis piernas no daban para mas, y el agua
no hacia mas que salpicarme en la cara impidiéndome ver....
Así que la fuerza del agua, o el choque contra la roca, no lo tengo
muy claro, me volteó la tabla y quedé bajo el agua y con el
maldito trasto encima.
“ Calma Rosa, no pierdas la calma... ¿qué era lo que tenias que hacer??” Creo, y digo creo, que hice la maniobra para salir a la superficie, pero me faltaba el aire, y como lo único que me impedía sacar la cabeza era el maldito hidro(ya sé que me repito, pero realmente se llama así) pues lo solté.
Eh!! No fue tan mala idea, ya que salí
y pude respirar aunque acabara escupiendo agua y arrastrada por la corriente.
No sé quien rescató el trasto, a mí me rescato mi guapo
francés en la piragua, y en una posición muy poco digna me llevó
hasta el siguiente remanso, donde ya estaban todos esperándome bien
descansaditos... (alguno me miraba con cara de pena).
En el siguiente rápido no las tenia todas conmigo, de hecho, justo
ante de empezar, me puse de pie mirándolo fijamente, estudiando el
“terreno”, veía claramente la piedra, la oía incluso,
y por supuesto al gabacho diciéndome “pog la degechá o
la isquiegdá, donde quiegás, y no te prgeocupes que yo te espegó”.
Así que recé y me dije: que sea lo que dios quiera. Y me lancé...
mentira, mas bien me dejé arrastrar por la corriente, por que mis piernas
se bloquearon, mi mente se fue al país de las maravillas donde todo
es rosa y azul y el resto contra la roca, donde quedé encallada unos
segundos antes de que el maldito hidro (¡¡que se llama así
joer!!) hiciera una maniobra de esquive haciéndome zozobrar, solo que
esta vez lo vi venir, o lo intuí, y solté el (todos) MALDITO
HIDRO, antes de que se me pusiera encima como era su intención.
Me agarré a la piedra, me puse de pie y vi como el trasto bajaba feliz hasta el remanso. Yo por mi parte me puse a esperar al de la piragua, que y a me miraba con mala cara.
De nuevo en esa poco digna postura llegué
hasta los demás, que se divertían a un lado, jugando con una
pequeña cascada.
En el siguiente tramo, ya me tenia mas que calada el francesito, y en vez
de dirigirse a todos, me miraba mi mientras explicaba que ese era una tontería,
no tenia piedras que sobresalieran así que el único peligro
estaba en las de debajo del agua, por lo tanto, no había que aletear,
para evitar que nos hiciéramos daño en las rodillas, solo había
que dejarse arrastrar por la corriente, ahí me miraron todos.
Vale! Ese fue bien, “¿veis?- Les grité- mi problema son las rocas,”. Entonces oí de nuevo al monitor que a mi izquierda me decía: “ a la isquiegda Rosa a la isquiegda, para!, para!, para!... sigue, sigue, sigue... cuando llegues al final, vegás una iglesia grande, es el Pilag. Prgegunta por la estasion de autobusesss.”
Ese resultó ser el penúltimo rápido. En el remanso que me pasé por el forr... digo por alto, se suponía que nos íbamos a quedar a nadar un ratillo, ya que en ese apartado, a la izquierda, donde estaban todos, se formaba un pozo profundo y seguro, la corriente iba por la derecha(si, mi camino) y me llevaba directamente al ultimo rápido, menos mal que no lo era tanto, en cuya orilla esperaba el tío de la furgoneta.
Así que contra todos los pronósticos, y a pesar de mi torpeza en el agua, o en este caso gracias a ella, llegué la primera a la meta.