La crónica de Shivitri Scarza: huida

La Batalla de Endor supuso la victoria definitiva de las fuerzas rebeldes sobre el orden de la galaxia. Este hecho tuvo importantes consecuencias para todos los sirvientes del Imperio. El Emperador estaba muerto y Lord Darth Vader nos había traicionado. La mayoría de los que se encontraban en la 2ª Estrella de la Muerte murieron cuando fue destruida. Por suerte, unos pocos pudimos escapar, y salvar la obra del Emperador y su deseo último.

Larga vida al Emperador.

Han pasado ya 30 años desde aquel día. 30 años viviendo en el exilio, ocultándose de aquellos que se autoproclamaban liberadores de la galaxia. Embusteros que solo buscaban el poder y las riquezas, la anarquía y el desorden de la galaxia. Han sido 30 largos años de búsqueda, pero ahora ya no importa. Finalmente terminé la obra del Emperador y volví a ver sus ojos. 30 años que me han llevado a lugares a los que la Nueva República jamás llegará. De nuevo, el Imperio comienza a resurgir de las cenizas, con nuevas energías que beben del antiguo Imperio Sith. Es el momento de culminar la obra de nuestro Emperador y devolver a la galaxia su orden natural, su esencia, su forma.

Larga vida al Nuevo Imperio Sith

Aquí comienza la crónica de mis viajes, que me llevaron a encontrar y reunir a los nuevos señores del Sith, fueron días muy duros, pero las enseñanzas de nuestro Emperador me ayudaron a seguir en mi búsqueda y perseverar en nuestros objetivos.

Los años posteriores a la derrota del Imperio fueron muy difíciles, para los que aun creíamos en los ideales del Emperador. Muchos le volvieron la espalda al Imperio y se unieron a los traidores Rebeldes, que ahora se hacían llamar la Nueva República.

Cuando la 2ª Estrella de la Muerte aun no estaba completamente construida, la flota rebelde atacó al grueso de la Armada Imperial, resultando en una infame derrota de las fuerzas imperiales. En el interior de la Estrella de la Muerte, Lord Darth Vader traicionó a nuestro Emperador, para salvar a su traidor hijo del poder del Lado Oscuro. Tras esto la Estrella de la Muerte fue destruida junto con el grueso de la Flota Imperial. Sin un poder fuerte que mantuviera el orden, muchos mundos se rebelaron contra el Orden Imperial. Muchos valientes murieron en la batalla de Endor, sin embargo, yo conseguí escapar.

Cuando las fuerzas rebeldes nos atacaron, no pude evitar acudir al Emperador, pero lo que vi fue un trono vacío, y nuestras naves explotando. El Emperador estaba muerto, y a los pies del trono encontré un sable láser, el del traidor Vader, como después descubriría. Un escalofrío me recorrió la espalda, y rápidamente recogí el sable láser y corrí a las estancias privadas del Emperador. Como guiado por su mano, recogí un pequeño cofre y me dirigí a los hangares, tan rápido como me permitía el lastre que arrastraba. Dos jóvenes oficiales acudieron en mi ayuda, y me guiaron hasta una lanzadera lista para despegar. Yo no les había pedido nada, sin embargo, ellos sintieron que debían ayudarme a poner a salvo aquel cofre. Mientras embarcábamos, pude ver al traidor Vader junto a Skywalker, mil veces maldito.

Tuvimos suerte, nunca pense que habríamos podido salir con vida de aquella vorágine de disparos. Fue la explosión de la Estrella de la Muerte la que nos catapultó lejos de la órbita de Endor, lo suficientemente lejos como para poder saltar al hiperespacio.

Una vez fuera del alcance, pudimos darnos cuenta de cual era la nueva situación: el Emperador muerto, la Estrella de la Muerte destruida, al igual que la mayor parte de la Armada Imperial, Vader muerto como traidor. Me resistía a creerlo, sin embargo fue así. Los dos oficiales que me habían guiado hasta la lanzadera, no sabían de la muerte del Emperador, por lo que tuve que informarles, sin embargo, ninguno de los 2 pareció asombrado. "Lo hemos sentido" dijeron, "a donde debemos dirigirnos ahora señor". No sabía dónde sería mejor que fuéramos, los sistemas que se oponían al Emperador se habrían levantado en armas tan pronto como hubieran conocido la noticia. Nos dirigimos al Espacio Hutt, allí buscaríamos refugio en algún lugar.

Tras hacer escala en varios sistemas, llegamos al espacio Hutt. Tan pronto como tomamos tierra por primera vez nos deshicimos de los uniformes imperiales, borramos las insignias de la lanzadera, pero no olvidamos nuestras lealtades. Durante el viaje descubrí que los dos oficiales tenían cierta sensibilidad a la fuerza. Garlik Itanar procedía de una familia de tradición marcial de Anobis, por su parte, Seral Modefii venía de Umgul, de una familia de comerciantes.

Una vez en el espacio Hutt, aterrizamos en Ylesia y vendimos la nave. Allí nadie hacía preguntas, nadie tenía pasado, y a veces ni siquiera existían los nombres. En Ylesia pasaríamos los siguientes 6 años. En este tiempo, pude estudiar con detenimiento los documentos que contenía el pequeño cofre, y reflexionar sobre el cambio de poderes en la galaxia. Las noticias no llegaban bien, pero antes o después todo se sabía, y más en el espacio Hutt, donde los rumores son la principal fuente de información, y donde se paga por información que muy pocos conocen.